Featured Article

viernes, 26 de agosto de 2011

San Francisco no escribió la famosa «Oración por la paz»: fue un cura en 1912


Su autor es un cura llamado Esther Auguste Bouquerel, y apareció en 1912. Todos conocen la llamada «Oración simple», esa que dice: «Señor, haz de mí un instrumento de tu paz. Que donde haya odio, lleve yo amor... » y que todos atribuyen al autor del Cántico de las Creaturas, aunque historiadores y expertos siempre han sabido que una oración tan sugerente no era franciscana. 

De hecho tiene, como mucho, un siglo de antigüedad, y ni siquiera fue compuesta por un franciscano. Que haya sido atribuida al Poverello se debe al hecho accidental de que en 1918 se imprimió en la ciudad francesa de Reims detrás de una estampa del santo de Asís. 

Una oración de un cura 
La investigación de Christian Renoux, llevada a cabo con todo el rigor, llega a los siguientes resultados: el documento más antiguo en el que se encuentra impresa la oración es de 1912, en la revista francesa «La Clochette» (La Campanilla), que era el boletín mensual de la Liga de la Santa Misa. 

Aparece como anónima, aunque puede atribuirse al director del boletín, el sacerdote y fecundo escritor Esther Auguste Bouquerel. La estrofa fue tomada por otra revista francesa, y al poco tiempo, en 1916, apareció nada menos que en la primera página de «LOsservatore Romano», que la lanzó internacionalmente como invocación por la paz. 

Fue en 1918 cuando el padre capuchino Etienne Benoit imprimió el texto de la oración en el reverso de una estampa con la imagen de san Francisco, dirigida a los miembros de la Orden Tercera. Al pie de la oración escribió: «Esta oración resume maravillosamentea la fisonomía externa del verdadero hijo de san Francisco». Ése puede ser considerado el origen de la confusión que, curiosamente, aparece documentalmente por primera vez en una publicación protestante de 1927. Los católicos rechazaron semejante falsa paternidad durante mucho tiempo, por lo menos hasta los años cincuenta, según el concienzudo estudio del historiador francés. 

Un éxito ecuménico sorprendente 
Y es que esta «supuesta» oración de San Francisco ha sido rezada por Juan Pablo II en el primer encuentro interconfesional de oración por la paz de 1986, e incluso parece que se leyó en la ceremonia de fundación de la ONU en 1945. La han rezado también desde la Madre Teresa de Calcuta a dom Helder Camara, desde Bill Clinton a Desmond Tutu, pasando por la princesa Diana de Gales... 

Aunque fuera escrita siete siglos después de que san Francisco dejara este mundo, el fracaso de quien intente negarle su paternidad está casi asegurado. Pero hay que ser justos. Una atribución apócrifa no se puede hacer a la ligera sin dañar seriamente el legado franciscano. Aunque es un himno a la paz, como señala el Padre Willibrord. Christian van Dijk, un capuchino que ha estudiado durante cuarenta años la historia de esta oración, afirmó que es extraño que «un santo que pasa por ser un gran místico cristiano escribiera un texto que no se dirige a Jesucristo, que ni siquiera lo nombra, y en el que no hay ninguna cita bíblica». De hecho todas las oraciones auténticas del santo son frases tomadas de las Escrituras o de la liturgia.

Ecuador prepara una ley que prohibirá colegios religiosos, procesiones, vestir con hábito...


Un supuesto proyecto que regularía la práctica religiosa en Ecuador, de llevarse a cabo, vetaría toda expresión pública de fe a las Iglesias. El proyecto, difundido en internet, ha sembrado la alarma en católicos y evangélicos del país.

El proyecto de Ley Orgánica de Profesión Religiosa y de la Ética Laica, cuyo autor es Pablo Villagómez Reinel, actual subsecretario de América del Norte y Europa de la Cancillería [Ministerio de Exteriores], plantea una serie de reformas y cambios respecto a la profesión de una confesión religiosa.El documento, de 99 artículos, escrito entre febrero y junio de este año, a título personal, según su autor, nació de su interés por la religión y el Estado laico. Hay fundadas sospechas de que el proyecto está siendo promovido por el gobierno y hacerlo público es como lanzar un globo sonda a la opinión para ver su reacción.“Nadie del Gobierno me ha pedido que elabore una propuesta de esta naturaleza, es una iniciativa ciento por ciento personal”, subrayó el autor.Aunque el proyecto no es oficial ni está prevista por ahora su entrada en la Asamblea Nacional, se ha difundido por internet y ha alarmado a algunos sacerdotes que, en sus homilías, han llamado a los fieles a estar alerta ante concepciones “totalitarias y estatistas que pueden atentar contra los derechos fundamentales a la libertad de pensamiento, expresión y religión”.El autor dice que envió su proyecto a amigos y sacerdotes para que opinaran. Propone, entre otras cosas, que las entidades religiosas no tengan injerencia en la esfera pública y que el Estado sea neutral frente a las creencias religiosas.Citó el caso de la reciente polémica entre los Heraldos del Evangelio y los Carmelitas Descalzos en Sucumbíos: “Demuestra por una parte que el hecho religioso es eminentemente privado, cuando se transfiere a la esfera pública se convierte en un hecho político y tiene repercusión en el orden público y en el Estado”.Dijo también que los derechos y libertades religiosas tienen que practicarse sin alterar la paz ni cohesión social, y sin alterar la moral pública o la seguridad del Estado.La Iglesia, según Villagómez, ha actuado con autonomía y soberanía paralela al Estado, por eso “se busca con ese proyecto ponerles un freno y restaurar plenamente un Estado democrático de derechos, no de privilegios… evitar que la religión tenga injerencia en la esfera pública y asegurar que el Estado sea neutral en las creencias religiosas”.Según el embajador, las creencias pueden ser manipuladas con fines políticos por un sacerdote o pastores, y “lo que se trata es de evitar que los entes religiosos puedan tener un fin político, porque están en posición ventajosa para hacer política”.Respuesta de la IglesiaMonseñor José Mario Ruiz, expresidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, en su columna semanal en un diario ecuatoriano,expuso que el laicismo de este proyecto “es fanático, pretende imponer una religión sin Dios”.Otro de los puntos que plantea es que no se use el espacio público con fines religiosos. Eso implicaría, según monseñor Ruiz, que las procesiones del Señor del Gran Poder y del Consuelo se suspendan so pena de disolución de la entidad religiosa.Para Villagómez, estos son espacios de todos, un lugar de pluriculturalidad en donde están creyentes, no creyentes de distintos credos, no puede usarse para el ejercicio de una práctica religiosa determinada porque es privilegiar a ese ente religioso y crear condiciones adecuadas para que los derechos se vulneren. Lo que establece el proyecto es que de alguna manera se pueda regular el espacio público.En algunos aspectos, esta ley recuerda la constitución de la II República Española de 1931, que trató también de controlar las manifestaciones públicas de la Iglesia, su participación educativa, retirando las subvenciones a las órdenes religiosas de enseñanza, cancelando los subsidios al clero, y prohibiendo a los sacerdotes y religiosos una serie de actividades.Entre otros artículos polémicos, el proyecto dice que no deben existir colegios católicos. Prohíbe que los sacerdotes vistan y porten los símbolos propios de su misión, fuera de los recintos de culto o privadamente, para evitar la “ostentación de la religión que profesan”, o también veta que participen en el comercio, medios de comunicación, banca, industria y educación.Según el pastor Hernán Arias, evangélico, el proyecto de ley “descontextualiza el laicismo ecuatoriano, que está enriquecido por la diversidad religiosa, ciudadanos que profesan su fe”.Según el texto propuesto, un estudiante del colegio salesiano San José, que actualmente es fiscomisional [que recibe también fondos fiscales], no podrá vestir la camiseta del colegio con la imagen de Don Bosco, patrono de los salesianos.La tradicional procesión de la Virgen de Monserrate, que cada año convoca a miles de fieles a Montecristi, será un acto prohibido. A Julia Lozano, que lleva 25 años participando en la procesión de la Virgen Dolorosa, le parece increíble que se trate de prohibir las procesiones. “¿Cómo piensan evitar que miles de personas que acuden a las procesiones se queden en sus casas? Creo que están mal de la cabeza quienes quieren imponer esta ley”, señaló.Organizaciones sociales y religiosas sostienen que lo único que se busca es limitar las libertades religiosas. La reacción en contra ha sido general en el país.Gustavo Luzardo, pastor evangélico, señala que esta ley en su parte medular contiene artículos en los que se centra la antirreligiosidad y propugna el humanismo ateo, antes que a Dios.Indicó que se trata de llevar la religión al plano privado de forma irrestricta y promueve la apostasía (negación de la fe cristiana o abandono de las creencias).Luzardo dice que le parece insólito que con esta norma se trate de prohibir la obra evangelizadora especialmente en los niños.“Este anteproyecto es simplemente eso, un anteproyecto que lo puede elaborar cualquier ateo, filósofo, idealista, comunista, socialista, y toda persona resentida con alguna religión por alguna u otra razón, la tenga o no la tenga”, dijo Luzardo.Geovanny Mera, sacerdote, párroco de La Dolorosa en Manta, recordó que el Estado y la Iglesia siempre han funcionado autónomamente en democracia, pero cuando se quiere lacerar el derecho de expresar la fe prohibiendo cualquier acto religioso o limitando la promoción de la palabra de Dios, es un atentando contra las libertades del hombre.“Con esto se quiere imponer la religión del Estado, es decir al imponer el laicismo sobre todas las cosas lo está ubicando como una religión”, expresó.Añadió que si esta ley se aprobara, la iglesia o cualquier movimiento religioso pasarán a ser los perseguidos del Estado, como ha ocurrido en otras épocas, en varios países, pero básicamente será un atentado contra el derecho a pensar y a expresarseJulio Páez, líder espiritual del Centro de Teoterapia Integral (Centi), recordó que el derecho a opinar y expresar el pensamiento religioso en forma libre, en todas sus formas y manifestaciones, está contemplado en la Constitución Política del Estado, por eso una ley como esta va en detrimento de la sociedad y la democracia.El abogado Félix Montiel señaló que este anteproyecto es antirreligioso e inconstitucional y si se lo quiere aplicar, tendría primero que reformarse la Constitución, o llamar al pueblo a una consulta popular.Sobre la religión, la carta magna de Ecuador dice, en su artículo 66, que “se reconoce y garantizará a las personas”, el “derecho a la igualdad formal, igualdad material y no discriminación”; “el derecho a opinar y expresar su pensamiento libremente y en todas sus formas y manifestaciones”; “el derecho a practicar, conservar, cambiar, profesar en público o en privado, su religión o sus creencias, y a difundirlas individual o colectivamente, con las restricciones que impone el respeto a los derechos. El Estado protegerá la práctica religiosa voluntaria, así como la expresión de quienes no profesan religión alguna y favorecerá un ambiente de pluralidad y tolerancia”.Como se ve, queda garantizado el ejercicio de cualquier religión. No sabemos si el proyecto del embajador Villagómez contempla la posibilidad de vetar una hipotética JMJ como la de Madrid 2011, con su alegre fiesta de la fe por las calles, o prohibir al presidente boliviano Evo Morales, en alguna visita a Ecuador, sus televisados ritos ancestrales dedicados a la Pachamama.

Demoledora crónica sobre lo que sucedió en realidad en Sol entre indignados y peregrinos


[Nota de ReL] Por su evidente interés y su carácter de testimonio directo, reproducimos a continuación la crónica del periodista Fernando Lázaro en el diario El Mundo, publicada el jueves 18 de agosto, sobre lo que sucedió en la Puerta del Sol entre indignados y peregrinos. A quienes todavía intentan "repartir" culpas no les vendrá mal leer estas líneas. [Las negritas son nuestras.]

Cacería contra el peregrino en Sol
«Cuando tengo que ocuparme de informar sobre manifestaciones acudo con mucha antelación para empaparme del ambiente. El miércoles no fue una excepción. Cogí el Metro. Y vi un Metro tomado por jóvenes, muy jóvenes. Y vi un ambiente festivo, desde Cibeles hasta Sol. Madrid era peregrino y multicolor. Pasé por el kilómetro 0 y vi una plaza repleta de peregrinos-turistas. Y me acerqué hasta Tirso de Molina, lugar de donde arrancaba la manifestación laica, anti Papa y, por lo que se vio, anti peregrinos.

Inicialmente el despliegue policial era discreto, quizá demasiado. Apenas una veintena de agentes de las Unidades de Intervención Policial acompañaba a la cabecera de la manifestación. Y, como era de esperar, el punto caliente fue Sol, con la llegada de los manifestantes al cruce con la calle Carretas. La Policía había abierto un pasillo de anchura suficiente para que la manifestación atravesara la zona. Fue allí donde los más radicales de la manifestación y los peregrinos cruzaron gritos: "Pederastas", "nazis" e "hijos de puta" era contestado por los pocos jóvenes que había en la zona con gritos a favor del Papa. Que nadie me lo cuenta, que yo estaba allí.

»La Policía puso un leve cordón de separación en esa esquina, pero poco más. Y los manifestantes iban ganando metros. Su intención era clara. Los más radicales querían tomar la plaza. "Esta es nuestra plaza" y gritos de "fuera, fuera; menos rezar y más follar". El tono fue adquiriendo un aire amenazador tremendo. Las caras de los radicales estaban completamente desencajadas, fuera de sí. Había a quien la vena del cuello ya no se le podía agrandar más. Llevo más de 20 años haciendo información sobre seguridad y terrorismo, pero hacía muchos años que no veía tanta inyección de sangre en ojos de manifestantes. No eran todos, ni mucho menos, pero algunos daban miedo. Muchos estaban fuera de sí. "Os vamos a quemar como en el 36", gritaban a los jóvenes de la JMJ. Que nadie me lo cuenta, que yo estaba allí.

»En el esquinazo de la polémica no habría más de un centenar de peregrinos. No era para nada una contramanifestación. No ocupaban la zona por la que tenía que atravesar la marcha laica. Esos peregrinos eran extranjeros. Allí había italianos, belgas, australianos, franceses, italianos, egipcios... Y algún español, sobre todo voluntarios. La media de edad, menos de 18 años. Que nadie me lo cuenta, que estaba allí y lo vi en primera persona.

»El Ministerio del Interior ya estaba avisado de que era una zona de riesgo, que no era recomendable autorizar esa marcha y menos por ese recorrido. Los informes apuntaban a que podía haber una importante infiltración de radicales en la manifestación de laicos.
Porque, eso sí, el grupo de radicales, violentos, que se comportaron como energúmenos, no superaría el millar en una marcha que congregó a varios miles de asistentes. La visceralidad de los ataques de esos radicales fue intensa. Poco a poco fueron tomando la Puerta del Sol. Bordearon el cordón policial por derecha y por izquierda. La siguiente maniobra, ante la inicial pasividad de los agentes, fue rodear a los pequeños grupos de peregrinos y, mediante empujones, gritos, insultos y patadas, sacarlos de la plaza. También tuve que sufrir esos empujones y patadas. Peregrinos, periodistas... qué más les daba, la plaza tenía que ser suya. Sobrábamos los demás. Que nadie me lo cuenta, que yo estaba allí.

»Primero actuaron contra un grupo de apenas media docena de australianos. Después les tocó a los franceses. Los italianos no se quedaron al margen. A los egipcios también les tocó.

»Algunos peregrinos, veteranos, hacían frente a los insultos de los autodefinidos como indignados, que buscaban el cuerpo a cuerpo. Y así, al grito de "ésta es nuestra plaza", los radicales que participaron en la manifestación ocuparon de nuevo la Puerta del Sol. Durante estas maniobras de desalojo de peregrinos la pasividad policial fue total. No pude evitarlo. Ya al cuarto incidente de acoso, hostigamiento y empujones contra peregrinos me acerqué a los policías, que permanecían en los alrededores del edificio de la Comunidad de Madrid, para advertir de que la situación estaba tomando un sesgo extremadamente peligroso. Silencio. Que nadie me lo cuenta, que yo estaba allí.

»Una vez expulsados de la plaza, los radicales dirigieron sus esfuerzos a controlar el Metro. Por allí salían decenas de jóvenes peregrinos que se dirigían a cenar. No menos de 500 personas se concentraron en la puerta del suburbano. Allí se montó la mundial. Este grupo, de nuevo incontrolado, comenzó a arremeter contra todos los peregrinos. Insultos, coacciones (ya sabéis, eso de gritarte a la cara a menos de 15 centímetros), escupitajos... La escena era dantesca. Auténticos cafres lanzando gritos y amenazas a los jóvenes (por cierto, la mayoría mujeres) que salían del Metro.

»Vi mucho pánico en los ojos de los peregrinos y vi a muchas, digo bien, a muchas que al ver el espectáculo rompieron a llorar de puro miedo. Aún tardó la Policía en llegar a la zona. Abrió un pasillo para que los peregrinos salieran de Sol. Los radicales eran los dueños del kilómetro 0. Se envalentonaron más y arremetieron contra la Policía. Y un radical con numerosos antecedentes dio el pistoletazo de salida a los incidentes.

Una botella contra los agentes y la Policía cargó. Antes, las mochilas naranjas, los crucifijos y hasta los alzacuellos eran una "provocación" para esos radicales. "Es que nos están provocando", "es que están rezando", se justificaba uno de los empujadores profesionales. Y se me ocurrió preguntar por qué les provocaban. "Porque están aquí, porque existen, porque les vamos a prender fuego otra vez, como en el 36". Madrid era hasta ahora una ciudad donde cabían todos los pensamientos. En Sol, eso se acabó.»

«Pío XII salvó más judíos que Schindler», asegura el historiador hebreo David Dalin


Nada menos que 700.000 hebreos fueron salvados por la acción caritativa de la Iglesia son las cifras que manejan los historiadores del «Pueblo Elegido» para demostrar la gran altura moral y humanitaria del Papa Pacelli. Una declaración de un prestigioso historiador hebreo ha sacudido de nuevo el debate sobre la actuación de la Iglesia durante el Holocausto: «Durante el siglo XX el pueblo judío no tuvo un amigo más grande», ha declarado David Dalin (en la foto), para a continuación afirmar: «Durante la Segunda Guerra Mundial, Pío XII salvó más vidas de judíos que cualquier otra persona, incluso más que Raoul Wallenberg o Oskar Schindler».
- Usted ha calificado de revisionistas a los historiadores que han criticado al Papa Pío XII, ¿por qué?
 - Hoy día existe una nueva generación de periodistas empeñada en desacreditar los documentados esfuerzos de Pío XII por salvar a los judíos durante el Holocausto. Esta generación se ha inspirado en la obra teatral «El Vicario», de Rolf Hochhuth, que no tiene valor histórico, pero que lanza polémicas acusaciones contra este Papa. Sin embargo, los detractores de Eugenio Pacelli ignoran o eliminan el estudio iluminador de Pinchas Lapide, quien fue cónsul general de Israel en Milán y que había se había encontrado con muchos judíos italianos que sobrevivieron al Holocausto. Lapide documenta cómo Pío XII favoreció la salvación de al menos 700.000 judíos de manos de los nazis. Ahora bien, según otro cálculo, esta cifra se eleva a 860.000.

Tergiversaciones
- ¿Qué es lo que hizo el Pío XII a favor de los judíos?
 - Tenemos mucha documentación que demuestra que no se quedó ni mucho menos en silencio, es más, habló en voz alta contra Hitler y casi todos vieron en él a un opositor del régimen nazi. Durante la ocupación alemana de Roma, Pío XII dio secretamente instrucción al clero católico para que salvara a todas las vidas humanas posibles, con todos los medios. De este modo, salvó a miles de judíos italianos de la deportación. Mientras el 80 por ciento de los judíos europeos murieron en aquellos años, el 80 por ciento de los judíos italianos fueron salvados. Sólo en Roma, 155 conventos y monasterios ofrecieron refugio a unos cinco mil judíos. En un cierto momento, al menos tres mil se salvaron en la residencia papal de Castel Gandolfo, librándose así de la deportación en los campos de concentración alemanes. Siguiendo las directas instrucciones de Pío XII, muchos sacerdotes y monjes favorecieron la salvación de centenares de vidas de judíos, poniendo en peligro su misma vida.
 
- Pero el Papa nunca denunció en público las leyes antisemitas.
 - Su silencio fue una eficaz estrategia orientada a proteger al mayor número posible de judíos de la deportación. Una denuncia explícita y dura contra los nazis por parte del Papa hubiera sido una invitación a la represalia, y hubiera empeorado las disposiciones hacia los judíos en toda Europa. Ciertamente podría preguntarse: ¿qué podía ser peor que el exterminio de seis millones de judíos? La respuesta es sencilla y terriblemente honesta: el asesinato de otros centenares de miles de judíos. Los obispos católicos que procedían de los países ocupados aconsejaron a Pacelli que no protestara públicamente contras las atrocidades cometidas por los nazis. 

Tenemos pruebas de que, cuando el obispo de Münster quiso pronunciarse en contra de la persecución de los judíos en Alemania, los responsables de las comunidades judías de su diócesis le suplicaron que no lo hiciera, pues hubiera provocado una represión más dura contra ellos».

lunes, 22 de agosto de 2011

EL DEMONIO ES PROTESTANTE.


TESTIMONIO DE LUIS MIGUEL BOULLO

 

 "El Demonio es protestante", fue la primera frase que pronuncié, tras mi conversión, a quienes me escucharon por más de doce años como su pastor. El escándalo fue mayúsculo. Algunos ya habían notado que mis vacaciones fueron demasiado precipitadas y quizá hasta exageradamente prolongadas. Fueron unas vacaciones raras incluso para mi familia, que me veía reticente a las prácticas habituales en casa, como la lectura y explicación de la Biblia. Ya habíamos tenido demasiadas rencillas a causa de mis nuevos pensamientos.
"Al principio fue el Verbo"
Recuerdo vívidamente los primeros movimientos de rabia que tuve al leer un artículo en una revista. Yo encontraba que la nota era demasiado radical en sus afirmaciones, demasiado rotunda para lo que yo estaba acostumbrado a leer.
No me dejaba muchos ‘flancos’ descuidados por donde atacar. O refutaba el centro del asunto o no tenia sentido desmenuzar tres o cuatro aspectos como se me había enseñado a realizar de forma automática e inconsciente. Generalmente los católicos tienen como que una cierta vergüenza por mostrar todas las cartas sobre la mesa, y como no muestran todo con claridad, es muy fácil prender fuego a sus tiendas de campaña, porque dejan demasiados lados flojos.
En lo personal nunca recurrí a lo que ahora entiendo como "leyendas negras", porque me parecía que era inconducente debatir basándome en miserias personales o grupales sin haber derribado la propia lógica de su existencia. Eso hice con algunas sectas o con temas como la evolución o algunos derechos humanos según se les entiende normalmente.
Reconozco que muchos de los que en ese momento eran mis hermanos caen en ese error, tratando de derribar moralmente al "adversario" diciéndole cosas aberrantes sobre su fe. Pero basta un buen argumento, y bien plantado, para que uno se vea obligado a retirarse a las trincheras de la Biblia y no querer salir de allí hasta que el temporal que iniciamos se calme al menos un poco. Pero no nos funciona a todos el mismo esquema. Muchos no se rigen tanto por la razón como por el placer de vencer en cualquier contienda.
El artículo en cuestión me obligaba a pensar sólo con ideas, porque de eso trataba. Mi manual con citas bíblicas para cada ocasión me servía poco. Cualquier cosa que dijera sería respondida con otra. No era ese el camino.
Creo haber estado meditando en el problema unas cinco o seis semanas. Hasta que resolví acudir a la parroquia católica que quedaba cerca de mi templo. El sacerdote del lugar se deshacía en atenciones cada vez que nos encontrábamos. La verdad es que él estuvo siempre mucho más ansioso de verme que yo de verle a él. En ocasiones nos veíamos forzados a encontrarnos en público por obligaciones propias del pueblo. Pero de ordinario no nos encontrábamos. Era lo que ahora se llama un "cura nuevo", con una permanente guitarra en las manos y muchas ganas de acercarse a mí.
Con complejo de superioridad
Primera confesión de mala fe
Yo aprovechaba –Dios me perdone– para sacarle afirmaciones que escandalizaban a mis feligreses. El pobre nunca entendió que el ecumenismo muchas veces sirve más para rebajar a los católicos que para acercar a los separados. Uno tiene la sensación de que si la Iglesia puede ceder en cosas tan graves y que por siglos nos separaron, entonces realmente no le importan tanto como a nosotros, que jamás cambiaríamos una sola jota de la doctrina.
Otra cosa que solía hacer –me avergüenzo al recordarla– era tirar a mis chicos a discutir con los de la parroquia. Los pobres parroquianos se veían en serios apuros en esas ocasiones.
En el fondo yo me aprovechaba de que los chicos católicos estaban muy mal formados. Como comentábamos a sus espaldas: sólo van a la parroquia a divertirse, para repartir cosas a los pobres y para hacer ‘dinámicas de vida’, pero de doctrina y de Escrituras no saben nada.
Nos gustaba vencerlos con las cosas más tontas posibles. A veces surgían temas más sabrosos, pero con los argumentos normales bastaba para al menos hacerles callar.
El viejo párroco le plantó cara con santa paz
Esa tarde no estaba el sacerdote de siempre. Había sido removido de la parroquia por una miseria humana comprensible en alguien tan "cálido" en su manera de ser. Cayó en las redes del demonio bajo la tentadora forma de una parroquiana, con la que ni siquiera se casó.
A cambio del párroco de siempre salió a atenderme, con una cara menos complacida, un sacerdote viejo y de mirada penetrante. Lo habían ‘castigado’ relegándolo dándole el cuidado de la parroquia de nuestro pequeño pueblecito. En los últimos treinta años la población había pasado de mayoritariamente católica a una mayoría evangélica o no practicante.
Yo generalmente acudía para refrescar mi memoria y cargarme de elementos que luego trabajaba como materia de mis prédicas, o para sondear la visión católica de alguna cosa.
El Padre M. no fue tan abierto. Me recibió con amabilidad, pero con distancia. Le planteé asuntos de interés común y me pidió tiempo para aclimatarse y enterarse del estado de la feligresía. Noté que habían sido arrancados varios de los afiches que nosotros les regalábamos cada cierto tiempo y que constituían verdaderos trofeos nuestros plantados en tierra enemiga.
En verdad quedé un poco desarmado, pero logramos charlar casi de todo. Casi... porque en doctrina comenzó él a morderme. Yo comencé a responder como de costumbre, citando con exactitud una cita bíblica tras otra, para probarle su error o mi postura.
En un aprieto que me puso, le dije: "Padre M... comencemos desde el principio" Y el varón de Dios, a quien supuse enojado conmigo, me dice: "De acuerdo: al principio era el Verbo y..."
Me largué a reír nerviosamente. Aparte de que me respondía con una frase utilizada en la Misa (al menos en la tradicional), ¡imitaba mi voz citando la Biblia!
"Pastor Boullón", me dijo luego, "No avanzaremos mucho discutiendo con la Biblia en mano. Ya sabe usted que el Demonio fue el primero en todo crimen... y por eso también fue el primer Evangélico".
Eso me cayó muy mal. ¡Me insultaba en la cara tratándome de demonio! Sin dejarme explicar lo que pensaba, se adelantó:
—Si... fue el primer evangélico. Recuerde que el Demonio intentó tentar a Cristo con ¡la Biblia en mano!
—Pero Cristo les respondió con la Biblia...
—Entonces usted me da la razón, Pastor... los dos argumentaron con la Biblia, sólo que Jesús la utilizó bien... y le tapó la boca.
Tomó su Biblia y me leyó lo que ya sabía: que cuando el Señor ayunaba el demonio le llevó a Jerusalén, y poniéndole en lo alto del templo le repitió el Salmo XC, II-12: "Porque escrito está que Dios mandó a sus ángeles que te guarden y lleven en sus manos para que no tropiece tu pie con alguna piedra"
Pero el Señor le respondió con Deuteronomio VI, 16: Pero también está escrito "No tentarás al Señor tu Dios". Y el demonio se alejó confundido.
Yo también me alejé, como el demonio, confundido. Me sentía rabioso por haber sido llamado demonio, y por lo que es peor: ¡ser tratado como el demonio en el desierto!
Creo que fue la plática más saludable de mi vida.
También los demonios creen y pero no se salvan
La táctica del demonio
Llegué a casa rabioso. Me sentía humillado y triste. No era posible que la misma Biblia pruebe dos cosas distintas. Eso es una blasfemia. Forzosamente uno debe tener la razón y el otro malinterpreta. Busqué ayuda en la biblioteca que venia enriqueciendo con el tiempo. Consulté a varios autores tan ‘evangélicos’ como yo, pero de otras congregaciones. No coincidíamos en las mismas cosas, pese a que todos utilizábamos la Biblia para apoyar lo que decíamos y demostrar que los otros se equivocaban.
Me armé de fuerzas y a la primera oportunidad, caí sobre el despacho parroquial del Padre M. Me recibió tan amable como la vez pasada, sólo que esta vez su distancia la hacía menos tajante a causa de su mirada divertida y curiosa de la razón que me llevaba otra vez a su lado.
Le largué un discurso de media hora sobre la salvación por la fe y no por las obras. Concluí –creo– brillantemente con la necesidad de abandonar a la Iglesia. Y cerré tomando la Biblia del cura y le leí Hechos XVI, 31: "¿Qué debo hacer para salvarme?, preguntó el carcelero. Cree en el Señor Jesús –respondió Pablo– y te salvarás tú y toda tu casa".
Bebí un sorbo del té que me había ofrecido y le miré desafiante, esperando su respuesta. Pasaron eternos minutos de silencio.
Cuando carraspeé, el sacerdote me dijo:
—"¿Continuará la lectura de San Pablo?"
—"Ya terminé, Padre M."
—"¿Cómo que ha terminado? ¡Continúe! Vaya a Corintios, XIII, 2.
—Leí en voz alta: "Aunque tanta fuera mi fe que llegare a trasladar montañas, si me falta la caridad nada soy"
—Entonces la fe...
—La fe... la fe... la fe es lo que salva.
—¡Vaya novedad! Me dice riendo. ¡No se bien quien creó la estrategia protestante de argumentar con la Biblia, pero creo que bien pudieron ser los demonios que ahora encontraron un buen medio para salvarse.
—¿Salvarse?
—Si.. salvarse, amigo mío. ¿Acaso no es el apóstol Santiago quien nos dice que hasta los mismos demonios creen en Dios? Y si sólo la fe salva...
—...
—No se quede en silencio, Pastor... siéntese aquí que se aliviará un poco. Si quiere seguir como el Demonio, tentándome con la Biblia, le recuerdo que ahí mismo se nos dice que esa fe no salvará a los demonios, porque "como un cuerpo sin espíritu está muerto, la fe sin obras está muerta" (c.II) Y aún así los católicos no decimos que sea sólo fe o sólo obras. Cuando al Señor se le pregunta sobre qué debemos hacer para salvarnos, Él dice "Si quieres salvarte, guarda los mandamientos" Ahí tiene usted la respuesta completa.
Me acompañó hasta la puerta y me dijo: Le dejo con dos recomendaciones. La primera es que se cuide de sus hermanos de congregación. Ya sospechan de usted por venir tan seguido. La segunda es que vuelva usted cuando me traiga alguna cita bíblica –sólo una me basta– en que se pruebe que solo debe enseñarse lo que está en la Biblia.
Caminé a casa más preocupado por los comentarios que por el desafío. Eso sería fácil.
La Biblia no es orgullosa
"Sólo la Biblia"
Mientras buscaba una cita que respondiera al sacerdote, caí en cuenta de que estaba parado en el meollo del asunto que por primera vez me llevó a esa parroquia con otros ojos. "Si es sólo la Biblia", me dije, "entonces el problema del artículo queda resuelto: se debe probar por la Biblia o no se prueba".
Ya imaginarán ustedes el resultado. Efectivamente no encontré nada. En años de ministerio, jamás me percaté de que lo central, esto es, que sólo debe creerse y enseñarse la doctrina contenida en la Biblia, no está en la Biblia. Encontré numerosos pasajes bíblicos que le conceden la misma autoridad que a las enseñanzas escritas en la Biblia a las doctrinas transmitidas por vía oral, por tradición.
Desde este punto en adelante muchos otros cuestionamientos fueron surgiendo de la charla con el Padre M. y de la lectura de revistas y de mucha literatura escrita con fines apologéticos.
Nadando guardando la ropa y sufriendo
El pago del mundo
Por un momento distraeré la atención de mis incursiones a la parroquia católica. Quizás sea porque un sacerdote es esencialmente distinto a un "Pastor" protestante, o quizás por la experiencia de distintos ordenes (confesión, dirección espiritual, etc.), el Padre M. acertó en su advertencia sobre las miradas que me dirigían mis feligreses a causa de esas visitas "no estrictamente ecuménicas".
Yo aún no me había percatado de esa desconfianza, pero observando con mayor atención notaba reticencias, censuras y reproches indirectos. Aún la guerra no se declaraba. Sólo desconfiaban.
Me decepcioné mucho, pero no me dejé vencer por la tentación. El demonio –pensaba– me estaba tentando con Roma y para eso endurecía los corazones.
Pasada una semana de angustias, me senté con mi esposa para charlar. Necesitaba desahogarme. Me encontraba en un punto tal que no quería volver a la parroquia católica pero tampoco me sentía en paz con eso.
Después de la cena, oramos con los chicos y se fueron a dormir. Me senté y abrí mi corazón a mi esposa. Ella había sido una amante confidente y mi compañera de penurias y alegrías. Me escuchó con atención.
Sus palabras fueron tan sencillas como su conclusión: debía alejarme inmediatamente del sacerdote católico y tratar de recuperar la confianza de mis feligreses. Eso era lo prioritario. Teníamos una obligación de fe y teníamos que mantener una familia. No se hablaría más. El caso estaba resuelto... para ella.
Traté de cumplir con todo. Ella siempre fue la sensatez y me refrenaba en las locuras. Dejar de ir a la parroquia fue más fácil para el cuerpo que para mi alma. Algo me atraía de ese ambiente, y por lo demás deseaba la compañía de ese sacerdote provocador y bonachón.
Más difícil fue ganarme la confianza de los feligreses. Me exigían como prenda evidente que atacase más que nunca a la Iglesia para demostrar públicamente que no les guardaba ninguna simpatía.
Esto me costó, pues tenía que predicar omitiendo aquellos puntos en los que difería ya de mi anterior pensamiento.
Con el tiempo, mi familia y mis feligreses me dieron vuelta sus espaldas y fue la gran cruz que tuve que soportar por amar a Cristo en Su Iglesia.
Entrada en la Iglesia y abandono de todos
Mi querido amigo se despide
No he querido exponer aquí todas las cosas que charlé con el buen Padre M. durante semanas y semanas. Yo le visitaba furtivamente y el me acogía con amable paternalidad. Yo daba vueltas en torno al tema e intentaba responder a las sabias preguntas con las que me desafiaba. ¡Cómo detestaba tener que darle la razón!
El tiempo me fue haciendo más perceptivo a sus sutilezas e ironías. De alguna forma misteriosa este sacerdote me tenía cautivado. Me acorralaba hasta la muerte, pero me daba siempre una salida honorable. Le gustaba desmoronar todos mis argumentos.
Su estilo era único: destrozaba mis argumentos, acusaciones y refutaciones primero desde la lógica, dándome dos posibilidades... o quedar como un tonto o verificar por mi mismo esa estupidez. Luego, y sólo luego, me invitaba a revisar el punto que yo trataba –si tenía sentido– desde el punto de vista de las Sagradas Escrituras. Supongo que uno de sus mayores puntos fuertes era su sólida cultura y su gran vida de piedad.
Recuerdo perfectamente una fría mañana cuando recibí un aviso telefónico de la parroquia. Me pedía que le visitara en un hospital de los alrededores. Sin meditar en las normas de cautela que tomaba para evitar que mis feligreses se irritaran aún más conmigo, abandoné todo y partí. Ahí me enteré del doloroso cáncer que padecía –jamás dio muestras de sufrir– y del poco tiempo que le quedaba. La cabeza me daba vueltas. Sentía dolor por la partida de quien ya consideraba un amigo.
Tomé una decisión: haría pública nuestra amistad y le visitaría a diario. Pocos días después le trasladaron, a petición suya, a su residencia.
Desde ese día le acompañé a diario. Dejé muchos compromisos de lado. La tensión comenzó a crecer hasta llegar a agresiones verbales abiertas y amenazas de quitarme el cargo y el sueldo. Mi familia estaba amenazada con la pobreza.
Fueron días de mucha angustia. Sabía que caminaba por los caminos correctos. Incluso pensaba en hacerme admitir en la Iglesia. Los temores y las dudas de antes de la internación del Padre M. se disiparon. No quería arrepentirme de mis errores ni recibir el perdón y el consuelo de nadie más. Pero la situación que me rodeaba era tan compleja que me paralizaba.
Recé muchísimo y acudí a pedir el consejo del Padre M. Él me recibió con mucha amabilidad y escuchó con atención mis problemas. Él ya los conocía. Me habló de la fortaleza de esos mártires que no tuvieron en cuenta ni la carne ni la sangre ni las riquezas, sólo amaron la verdad y dieron público testimonio de su adhesión a la fe. "Más vale entrar al Cielo siendo pobres que irse al infierno por comodidades", sentenció.
Como adelanté al principio, reuní a mis feligreses y les hice una declaración de mi conversión. "¡El Demonio es protestante!" les dije para abrir la charla. Luego fueron abucheos y no me dejaron terminar las explicaciones.
Mas tarde reuní a mi familia y les platiqué de cada punto, y respondí a todas las objeciones de fe y de la situación. Mi esposa no discutió mucho: me expulsó de casa. Esa noche dormí acogido por el Padre M. quien me tranquilizó respecto al altercado. Desde entonces y después de pasados años de mi conversión nunca más fui admitido en casa como padre y esposo. Hoy les visito con tanta frecuencia como me permiten, pero sus corazones siguen muy endurecidos. El Padre M. tuvo muchas palabras para mí, pero las que más me llegaron fue su confesión de ofrecimiento de su vida por la salvación de mi alma... y que con gusto veía el buen negocio ya cerrado. Dios escuche las plegarias de mi buen amigo en el Cielo por mi esposa y mis seis hijos para que a su tiempo y forma vivan la vida de gracia de la santa fe.
La importancia de no tener miedo a la exigencia de la Iglesia Católica
Roma... mi dulce hogar
Rogué al buen sacerdote me preparara para abjurar mis errores y ser admitido en la Iglesia. Dispuso de todo y una mañana de abril de 2001 fui recibido en el seno de la Esposa de Cristo. En junio de ese mismo año mi querido amigo entregó su alma al Señor, siendo muy llorado por todos cuantos le conocimos mejor. Le lloraron los enfermos y presos que visitaba, los niños y jóvenes de catequesis, los pobres y necesitados que consolaba, los fieles que acudían a él en busca de consejo y del perdón de Dios. En tributo a él escribo estas líneas. Mi querido sacerdote y Revista Cristiandad.org fueron mis dos grandes apoyos e impulsores tanto de mi conversión como de mi impulso apostólico al trabajar especialmente con los conversos y preparados para la conversión.
Tras su partida la parroquia fue administrada por un sacerdote más cercano al estilo del predecesor del Padre M. Yo sentí mucho esto porque con su prédica y actuar desmentía muchos de esos grandes principios eternos que había conocido y amado.
A veces me pregunto por la oportunidad de muchos cambios que se hacen más para contentar a los malos que para agradar a los buenos. Recuerdo que mi sacerdote amigo no era muy afecto a ceder ante nosotros, sino mas bien a mostrarnos todas las banderas, incluso las más radicales. Y éstas fueron, precisamente, las que más me indignaron pero a un mismo tiempo me atrajeron.
Pero persevero en el amor a la Iglesia de siempre, a esa doctrina de la que el Señor dijo que pasarían Cielo y Tierra pero que ni una sola jota sería cambiada.
Bien sé por experiencia propia y por la de tantos que han compartido conmigo sus testimonios de conversión, que esos coqueteos con el error no producen conversiones. Y las pocas que se producen son de un género muy distinto –por superficiales y emocionales– de las verdaderas conversiones, esas que producen santos. La realidad es la que constataba a diario como Pastor protestante, cuando la poca preparación de los católicos y la confusión que produce el falso ecumenismo llenaban las bancas de nuestras iglesias y los bolsillos de nuestras congregaciones evangélicas. La ignorancia religiosa de los fieles es la cosa más agradecida por las sectas, porque al ser muchas veces hija de la pereza espiritual se acompaña por la pereza intelectual. Basta entonces cualquier cosa que les emocione, que les haga sentir queridos, y luego viene el sermón acostumbrado para hacerles dudar primero y luego darles respuestas rotundas. Eso los desestabiliza y luego les atrae nuestra seguridad. ¡Y luego salimos a la calle a gritar contra los dogmas!
Ahora, junto con ustedes, puedo acudir a los pies de María Santísima y pedir que por amor a la Divina Sangre de Su Hijo Amado obtenga la conversión de los paganos, de los herejes y cismáticos y que haciendo triunfar a la Iglesia sobre sus enemigos instaure la Paz de Cristo en el Reino de Cristo.

zonadefe.org

CARTA ABIERTA A UN EVANGELICO


Mi Conversión al Catolicismo

Por Dave Amstrong
1- Me fui al frente para ser salvo.
No mucho en mi vida habría indicado este giro sorprendente, pero eso fue muestra de la siempre inescrutable misericordia y providencia de Dios. Mi primer conocimiento sobre la Cristiandad vino en la Iglesia Metodista Unida, la denominación en la que yo fui educado. La iglesia a la que nosotros asistíamos, en un barrio obrero de la ciudad de Detroit (Michigan, Estados Unidos), me parecía a mí, así como a cualquier niño en los comienzos de la década de 1960, que estaba en el declive, sociológicamente hablando, tanto así que la media de edad de los miembros era aproximadamente cincuenta o más años. En mis estudios años después como evangélico, yo aprendí que la reducción y el envejecimiento de las congregaciones eran uno de los signos visibles del deterioro del protestantismo.
Mi temprana educación religiosa no era del todo gratis, sin embargo, a medida de que yo iba ganando respeto por Dios lo que yo nunca abandoné fue la comprensión de Su amor para la humanidad, y una apreciación para el sentido de los mandatos morales básicos y sagrados. De todos modos, por cualquier razón, yo no tuve un interés creciente en la cristiandad en este momento. En 1969, a la edad de once, yo entré en contacto por vez primera con el llamado al altar de la cristiandad fundamentalista en una Iglesia bautista que nosotros visitamos dos o tres veces. Yo me fui al frente para ser “salvo”, de forma absolutamente sincera, pero sin el conocimiento o la fuerza de voluntad requeridas (por las normas evangélicas más solícitas) para llevar a cabo esta resolución temporal. Durante este período, me fasciné con lo sobrenatural, pero desgraciadamente, entró los terrenos de un ocultismo vago: telepatía, los Ouija, la proyección astral, incluso la brujería vudú (con maestro vicioso de gimnasio en mente!). Yo leía sobre Houdini1y Uri Geller, entre otros. Famosísimo mago norteamericano de principios de siglo XX. Británico de origen israelí que dobló una cuchara sin tocarla, solo con la mente, en vivo y en directo. Todo esto fue parte del camino en Mi Conversión al Catolicismo
2- De la crisis pase a una renovación espiritual.
Entretanto, mi hermano Gerry que es diez años mayor que yo, se convirtió, en 1971, al Evangelicalismo, una tendencia que estaba en su apogeo en ese momento. Él sufrió una transformación realmente notable, saliendo del círculo cultural del típico roquero drogadicto y pendenciero, y empezó a predicar en una forma celosa a nuestra familia. Éste era un espectáculo nuevo para mí. Yo ya me había influenciado por la contracultura hippie, y como siempre había sido de alguna forma anticonformista, el “Jesus Movement” (Movimiento de Jesús) tuvo una fascinación extraña para mí, aunque yo tenía ninguna intención de unírmeles. Yo me sentía orgulloso de mi "moderación" con respecto a las cuestiones religiosas. Como la mayoría de los cristianos nominales e incrédulos sinceros, yo reaccioné a cualquier despliegue de Cristiandad seria y devota con una mezcla de miedo, burla y condescendencia, mientras pensaba que tal conducta era "impropia", fanática, y fuera de la corriente principal la cultura americana. A principios de los años 1970 yo visité la Iglesia luterana el Mesías de vez en cuando en Detroit a dónde mi hermano asistía, junto con sus amigos melenudos del "Jesús Freak", y me retorcería en mi asiento bajo la convicción de los sermones poderosos del pastor Dick Bieber, un personaje del tipo de esos de los que yo nunca había oído.
Yo recuerdo que pensaba que lo que él estaba predicando era indisputablemente la pura verdad, y si se trataba de la cuestión del “ser salvo" no habría ningún lugar para los de la tierra del medio o para los cobardes. Por consiguiente, yo era renuente, para decirlo de alguna forma, porque yo pensé que sería el fin de la diversión y la convivencia con mis amigos. Debido a mi rebeldía y orgullo, Dios tenía que usar los métodos más drásticos para mi despertar. En 1977 yo experimenté una depresión severa durante seis meses lo cual era totalmente atípico en mi temperamento antes. Las causas inmediatas eran las presiones en la última adolescencia, pero de forma retrospectiva está claro que Dios me estaba llevando a la casa el último sin sentido de mi vida - - una demanda individualista vacua y fútil por felicidad sin el propósito o la relación con Dios. Yo fui traído, tambaleándome, al fin de mí mismo. Era una crisis existencial aterradora en la que yo no tenía ninguna otra salida sino clamar a Dios. Él respondió rápido. Pasó que en la Pascua de 1977 la extraordinaria película Jesús de Nazaret de Franco Zeffirelli (todavía mi película cristiana favorita) estaba en la televisión. Yo siempre había disfrutado películas de la Biblia, como Los Diez Mandamientos. Ellos dieron a las personalidades bíblicas vida, y el elemento de drama (como forma de arte) comunicó la vitalidad de la Cristiandad de una manera única y “Jesús Freak”, con el perdón de los lectores e incluso de la persona de Dave, otro de tantos inventos norteamericanos e ingleses para convencer a la gentes sobre la soberanía de Jesucristo Nuestro Señor en nuestras vidas, pero cayendo en un sincretismo que raya con lo pagano y lo vicioso. La persona de Jesús no necesita de tales espectáculos y doctrinas tan showbiz para ser proclamado.
Jesús, como fue retratado en esta película, dejó una impresión extraordinaria en mí, y el tiempo no podría ser mejor. Él aparecía como el último anticonformista que me apelaba. Sin darme cuenta esto ara parte de Mi Conversión al Catolicismo. Yo me maravillé de la manera como Él trató a las personas, y te daba la sensación de cosas que tu nunca pudieras esperar de lo que Él diría o haría - - siempre algo con una visión o impacto incomparables. Yo empecé a comprender, con la ayuda de mi hermano, el razón del evangelio por primera vez: lo qué la Cruz y la Pasión significaban, y algunos de los puntos básicos de teología que yo nunca hubiera pensado antes. También aprendí que ese Jesús no sólo era el Hijo de Dios, sino Dios el Hijo, la Segunda Persona del Trinidad algo que, increíblemente, yo no había oído previamente, o simplemente no comprendí si yo lo hubiera oído. Yo empecé a leer en seriamente por primera en mi vida vez la Biblia (la traducción de la Biblia Viviente que es la paráfrasis más informal). Era la combinación de mi depresión y conocimiento nuevo de la Cristiandad que causó mi decisión de seguir a Jesús como mi Señor y Salvador de una forma mucho más seria, en julio de 1977 lo que yo todavía consideraría una "conversión a Cristo", y lo que la visión evangélica como la experiencia "el nuevo nacimiento" o  "salvos."
3- Asistí a las Asambleas de Dios, Luteranos y otros más.
Yo continúo viendo esto como un paso espiritual válido e indispensable. A pesar de mi estallido inicial de celo, yo me conformé de nuevo en la tibieza durante tres años hasta agosto de 1980, cuando yo rendí mi ser entero finalmente a Dios, y experimenté una "renovación" profunda en mi vida espiritual. A lo largo de los años ochenta yo asistí a Iglesias luteranas, a las “Asamblea de Dios”, y a sectas no denominaciones con fuertes conexiones con el "Jesús Movement", caracterizadas por la juventud, la espontaneidad de culto, música contemporánea, y el compañerismo caluroso. Muchos de mis amigos eran antiguos Católicos (apostatas). Yo supe poco de Catolicismo hasta los inicios de la década de 1980. Yo lo consideraba como una "denominación" exótica, austera, e innecesariamente ritualista que no tenía mucho atractivo para mí. Yo no estaba atraído por naturaleza a la liturgia, y no creía en absoluto en los sacramentos, aunque yo siempre tenía gran reverencia para la “Cena del Señor” y creí que algo real se impartía en ella. Por otro lado, yo nunca fui públicamente anticatólico. Habiendo tenido parte activo en trabajos apologéticos anti cultos (especializando en russelismo o testigos de Jehová), yo comprendí rápidamente que el Catolicismo era completamente ritualista.
Creía que la católica era diferente de las sectas, en eso de que tenía “doctrinas centrales” correctas, como la de la Trinidad y la Resurrección corporal de Cristo, así como una legitimidad histórica admirable; totalmente cristiana, aunque inmensamente inferior al evangelicalismo. Yo era, tu podrías decirlo, un típico evangélico de la especie que tenía cierto interés teológico un poco mayor del promedio. Yo me hice familiar con las obras de muchos de los “grandes”: C.S. Lewis, Francis Schaeffer, Josh McDowell, A.W.Tozer, Billy Graham, Hal Lindsey, John Stott, Chuck Colson, la revista Christianity Today, Keith Green y Ministerios “Last Days”, la Jesus People en Chicago y revista Cornerstone, la hermandad Cristiana Inter.-Varsity (una organización universitaria), así como la escena de la música cristiana: del todo, influencias bastante beneficiosas como para no ser sentirse arrepentido del todo en absoluto. Mi fuerte interés en la evangelización y la apologética me llevó a volverme, con el permiso de mi iglesia evangélica, como misionero en los campus de la universidad durante cuatro años. Yo también me involucré en el movimiento pro vida, y en la Operación Rescate. Se me hizo claro rápidamente que los rescatadores católicos eran tan comprometidos a Cristo y piadosos como los evangélicos. En forma retrospectiva, no hay ningún suplente para la extendidamente cerrada observancia de los católicos devotos. Yo me había encontrado con un sin número de evangélicos que exhibían lo que yo pensé era un camino serio con Cristo, pero raramente con la intensidad como en la vida los Católicos.
4- Empecé a conocer y a tener amigos católicos.
Yo empecé a hacerme amigo de mis hermanos católicos de los Rescates, y a veces en la cárcel, incluso sacerdotes y monjas. Aunque todavía escéptico teológicamente, mi admiración personal para con los católicos ortodoxos despegó como un misil Tomahawk. En el 1990 de enero yo empecé en un grupo de discusión ecuménico que yo moderaba. Tres amigos católicos conocedores del movimiento del Rescate, John McAlpine, Leno Poli, y Don McSween, empezaron a asistir. Sus reclamos para la Iglesia, particularmente lo concerniente a la infalibilidad papal y conciliar, me llevaron a zambullirme en un proyecto masivo de la investigación en ese asunto. Yo creí que yo había encontrado muchos errores y contradicciones a lo largo de la historia. Después yo comprendí, sin embargo, que mis muchos "ejemplos" no entraron en la categoría de declaraciones infalibles ni siquiera, como lo definido por el Concilio Vaticano de 1870. Yo también era un poco deshonesto porque yo pasaría por alto hechos históricos que confirmaban fuertemente la posición católica, como la aceptación temprana extendida de la Presencia Real, a sabiendas la autoridad del Obispo, y la comunión de los santos. Sin duda que no fue fácil el camino de Mi Conversión al Catolicismo ni lo es para aquel que busca la verdad con sinceridad.
Entretanto, yo estaba leyendo libros exclusivamente católicos (y todos los tratados cortos de las Respuestas Católicas), con una mente abierta, y mi respeto y entendimiento del Catolicismo crecieron por lo alto. Yo empecé (providencialmente) con El Espíritu del Catolicismo por Karl Adam, un libro demasiado extraordinario como para resumir adecuadamente aquí. Es, yo creo, un libro casi perfecto sobre el Catolicismo como un mundo y un estilo de vida, sobre todo porque una persona familiarizada con la teología católica básica. Yo leí los libros de Christopher Dawson, un gran historiador cultural, Joan Andrews (una heroína del movimiento del Rescate), y Thomas Merton, el famoso monje trapista, todos los cuales me impresionaron sumamente. Mis tres amigos de nuestro grupo de discusión continuaron respondiendo serenamente a casi los centenares de preguntas mías. Yo estaba asombrado por darme cuenta de que el Catolicismo parecía haber sido “bien pensado” - era un maravilloso y complejo sistema de creencias consistente incomparable con cualquier porción de los "cristianos evangélicos". En este momento yo me puse tremendamente preocupado por la aceptación protestante (y mi propia) aceptación libre y fácil de la contra concepción.
Yo vine a creer, de acuerdo con la Iglesia que una vez uno considera el placer sexual como un fin en sí mismo, entonces el llamado derecho al “aborto" no está lógicamente lejos. Mis amigos evangélicos de pro de-vida podrían ser fácilmente la excepción, pero el menos espiritualmente-dispuesto no habría hecho eso, como se ha confirmado por completo por la revolución sexual en total auge desde que el uso extendido de la Píldora empezó alrededor de 1960. Una vez una pareja piensa de que ellos pueden frustrar el deseo de Dios en el asunto de una posible concepción, entonces la noción de terminar un embarazo se sigue por una cierta lógica diabólica desprovista de la guía espiritual de la Iglesia. En esto, como en otras áreas tales como el divorcio, la Iglesia es el innegablemente sabia y verdaderamente progresiva. G.K. Chesterton y Ronald Knox, los grandes apologistas, ya pudieron ver los graffitis en la pared alrededor de los años treinta. Yo estaba absolutamente asustado por el hecho de que ningún cuerpo cristiano había aceptado el anticoncepcionismo hasta que los anglicanos en 1930 lo hicieron, y la inevitable progresión en las naciones del anticoncepcionismo al aborto, como había sido mostrado irrefutablemente por el padre Paul Marx.Finalmente, un libro intitulado La Enseñanza de "Humanae Vitae" por John Ford,Germain Grisez, et al, me convenció de la distinción moral entre el anticoncepcionismo y la Planificación de la Familia Natural y me puso al borde. Yo acepté ahora una creencia no muy "protestante", pero todavía incluso ni siquiera soñaba con hacerme católico (qué es, claro, inconcebible para un evangélico).
5- Al investigar y profundizar comencé a experimentar un peculiar, intenso, e inexpresablemente sentimiento místico de reverencia para la idea de una Iglesia "Una, Santo, Católica y Apostólica."
Todavía yo era la presa cayendo al principio de conversión .Entretanto, mi esposa Judy que fue educada como católica y se volvió protestante antes de que nosotros nos conociéramos, también se había convencido independientemente de la equivocación del anticoncepcionismo. Ella se devolvió a la Iglesia el día en que yo fui recibido. ¡Que linda es la unidad! Entonces, en julio de 1990, yo ya estaba convencido de que el Catolicismo tenía la mejor teología moral que la de cualquier otro cuerpo cristiano, y grandemente respeté su sentido de comunidad, devoción, y contemplación. La teología moral y los elementos místicos intangibles empezaron a danzar el baile de la conversión para mí, y cada vez más se arraigaban profundamente dentro de mi alma; más allá de, pero no opuestos, a los cálculos racionales de mi mente.
Mi amigo católico, John, cansado de mi lata constante sobre los errores católicos y de adiciones a través de los siglos, sugirió que yo leyera el Ensayo sobre el Desarrollo de Doctrina Cristiana del Cardenal Newman. Este libro demolió completamente el esquema entero de historia de la Iglesia que yo había construido. Yo pensé, típicamente, esa Cristiandad temprana era protestante y ese Catolicismo era una corrupción tardía (aunque yo colocaba el derrumbamiento en la tardía Edad media en vez del tiempo usual de Constantino en el siglo IV). Martín Lutero, yo reconocía, había descubierto en Sola Scriptura los medios para limpiar los agregados católicos acumulados en la originalmente limpia e inmaculadanave cristiana.
La Tradición, para Newman, era como un timón y un volante, y era completamente necesaria para la guía y dirección. Como una carta de navegación. Newman demostró las características de los verdaderos desarrollos brillantemente, como opuesto a las corrupciones, dentro de la Iglesia visible e históricamente instituida por Cristo. Yo me encontré incapaz y sin voluntad de refutar su razonamiento, y un pedazo crucial del enigma se había puesto en el lugar - - la Tradición era ahora creíble y evidente a mí. Así empezó lo que de alguna forma se llamaba un "cambio del paradigma." Mientras leía el Ensayo yo experimenté un peculiar, intenso, e inexpresablemente sentimiento místico de reverencia para la idea de una Iglesia "Una, Santo, Católica y Apostólica." El Catolicismo era ahora pensable y yo caí de repente en una crisis intensa. Yo creía ahora en la Iglesia visible.  Una vez yo acepté la eclesiología católica, la teología siguió su curso como un asunto, y yo la acepté sin dificultad (incluso las doctrinas Marianas).
Mis amigos católicos habían estado cultivando las tierras rocosas de mi voluntad y mi mente tan tercas durante casi un año, mientras plantaban las “Semillas Católicas”, que ahora rápidamente tomaron raíz y crecieron, para su gran sorpresa. ¡Yo había luchado lo más duro justamente antes de leer a Newman, en un esfuerzo desesperado por salvar mi Protestantismo, tanto como un hombre ahogándose sólo antes de que él sucumba! Mi Conversión al Catolicismo estaba acercándose sin darme cuenta.
Yo continué la lectura, mientras intentaba activamente ahora persuadirse totalmente del Catolicismo, pasando por la autobiografía de Newman, el libro de Tom Howard "Ser Evangélico no es suficiente", que me ayudó a apreciar al genio de la liturgia por vez primera, y dos libros de Chesterton acerca del Catolicismo
6.- Conversé con un ex pastor y me quedé sorprendido.
Más o menos en este tiempo yo tuve una conversación con un viejo amigo que también había sido mi pastor durante unos años y cuyas opiniones teológicas yo tenía en muy alta consideración. Yo admití ante él que yo estaba tremendamente en problemas con ciertos elementos de Protestantismo, y podría, quizás (pero era una noción improbable) estar pensando en volverme Católico. Para mi asombro, él me dijo que él también, estaba yéndose en la misma dirección, citando, en particular, el problema que la formulación y declaración del Canon de la Escritura tienen para las protestantes y su premisa de "Sólo Biblia". Estos tipos de eventos raros "confirmados" ayudaron a crear un sentimiento fuerte de que algo extraño simplemente estaba siguiéndose durante el período desconcertante antes de mi total conversión. El estaba en tal crisis teológica (como estaba yo), tanto que él renunció a su pastorado a los dos meses de nuestra conversación. También en este momento yo tuve el gran privilegio de encontrarme con el padre John Hardon, el eminente catequista jesuita, y empecé asistiendo a sus clases informales sobre la espiritualidad. Esto me dio la oportunidad de aprender personalmente de un sacerdote católico autoritativo, que también es un hombre deleitable y humilde. Después de siete semanas del tiempo de cuestionar mi sanidad alternadamente y llegar a nuevas cúspides de inmenso descubrimiento, el último soplo de muerte vino justo en la forma que yo había estado sospechado. Yo supe que si yo debía rechazar el Protestantismo, entonces yo tenía que examinar sus raíces históricas: la autodenominada Reforma protestante. Yo había leído previamente algún material acerca de Martín Lutero, y lo consideré uno de mis héroes más grandes. Yo acepté el mito normal de Lutero como el intrépido, el rebelde virtuoso contra la oscuridad de la tiranía católica y la superstición añadida a la “Temprana Cristiandad”.
Pero cuando yo estudié una gran porción del libro biográfico de seis volúmenes sobre Martín Lutero, Luther, del jesuita alemán Hartmann Grisar mi opinión de Lutero fue puesta patas arriba. Grisar me convenció de que los principios fundamentales de la Revolución protestante eran en total débiles. Yo siempre había rechazado las nociones de Lutero sobre la predestinación absoluta y la depravación total de humanidad. Ahora yo comprendí que si el hombre tuviera un libre albedrío, él no tenía porque ser declarado virtuoso meramente en un sentido judicial, abstracto, pero podría participar activamente en su redención y realmente podría hacerse virtuoso por la Gracia de Dios. Éste, de alguna forma, es el debate clásico sobre la Justificación. Yo aprendí muchos hechos desfavorablemente perturbadores acerca de Lutero; por ejemplo, su metodología existencial sumamente subjetiva, su desdén para la razón y el precedente histórico, y su intolerancia dictatorial hacia los puntos de vista contrarios, incluyendo aquéllos provenientes de sus compañeros protestantes. Éstos y otros descubrimientos me estaban aturdiendo, y me convenció más allá de toda duda de que él realmente no era un "reformador" de la Iglesia "pura" y pre-Nicena, sino mejor un revolucionario que creó una nueva  teología en muchos, aunque no todos, los aspectos. El mito fue aniquilado. Ahora yo estaba "escéptico" con el concepto protestante común de la iglesia invisible, "redescubierta." Al final, mi amor innato por la historia jugó una parte crucial en mi abandono del Protestantismo, que tiende a prestar muy poca atención a la historia (el no conocer de historia hace fácil estar contra del Catolicismo). Era un cristiano pero a estas alturas, se volvió, en mi opinión, un deber moral e intelectual el abandonar el Protestantismo en su forma evangélica. Aún no era fácil. Los viejos hábitos y  percepciones mueren difícilmente, pero yo me negué a permitir que los sentimientos y prejuicios interfirieran con el proceso maravilloso de iluminación en el que predominó la gracia de Dios para ser mas cristiano.
7.- Tuve que rendirme a la Verdad
Yo esperé expectante el último ímpetu  para rendirme totalmente. El curso imprevisible de conversión llegó a su culminación el 6 de diciembre de 1990, mientras yo estaba leyendo la meditación del Cardenal Newman sobre “La Esperanza en Dios Creador" y en un momento comprendí de forma resuelta que yo ya no debía de oponer resistencia alguna a la Iglesia Católica. Al final, como en la mayoría de las experiencias de los conversos, un miedo heladísimo toma su lugar, similar a los de los temblores de antes del matrimonio. En un momento, este último obstáculo desapareció, y una paz emocional y doctrinal prevaleció.
En los siguientes tres años desde mi conversión al Catolicismo, han ocurrido algunas cosas asombrosas en nuestro círculo de amigos (yo no reclamo crédito para mi en éstos casos, tal vez una influencia pequeña, sino, la forma tan maravillosa en que Dios mueve los corazones de las gentes). Cuatro personas se han devuelto a la Iglesia de su niñez y tres, como yo, nos hemos convertido del protestantismo de toda la vida al autentico cristianismo: el catolicismo. Éstos incluyen a mi anterior pastor, Al y su esposa, Sally, uno de mis más buenos amigos y compañero frecuente en la comunidad evangélica y su esposa Lori; el amigo de toda la vida de Dan, Joe Polgar quien había estado virtualmente en el paganismo por unos años; otro amigo, Terri Navarra, y la hija de un amigo, Tom McGlynn, Jennifer.
Adicionalmente, otra pareja que nosotros conocemos se habían convertido a la Ortodoxia Oriental regreso al catolicismo y un segundo está pensando en serio sobre el mismo hecho, y una tercera pareja puede convertirse al Catolicismo. No es necesario decir, que muchos de nuestros amigos protestantes ven estos sucesos con trepidación enmudecida. ¡Uno de mis anteriores pastores, en el encuentro más acalorado que tuve desde que mi conversión, me llamó "blasfemo" porque yo creí que había más en la Tradición Cristiana que simplemente lo que es contenido en la Biblia! ¡Otro amigo buen que es un ministro bautista dice que aunque yo había cometido un error terrible, yo todavía estoy salvo debido a su creencia en la seguridad eterna! Después de todo, agradecidamente a Dios, ha sido una experiencia bastante suave entre nuestros amigos protestantes evangélicos.
Muchos ignoran nuestro Catolicismo del todo. Yo creo que todos los Católicos pueden compartir estas experiencias que experimenté que he estado describiendo, en el sentido que cada nuevo descubrimiento de alguna verdad católica es igualmente estimulante. A medida en que todos nosotros crezcamos en nuestra fe, alegrémonos en los abundantes manantiales de deleite, así como en los tiempos instructivos de sufrimiento que Dios nos provee en su Cuerpo, totalmente manifestado en la Iglesia Católica. Yo me siento muy en casa en ella, tanto como podría esperarse en este lado de cielo. AD MAIOREM GLORIAM DEI
Dios te siga bendiciendo.
Fuente: zonadefe.org

El Magisterio de la Iglesia, su infalibilidad


El Magisterio
La Iglesia, por especial asistencia de Dios, es infalible, sin posibilidad de error en su enseñanza.
“Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Y las puertas del infierno no prevalecerán sobre ella. Lo que ates en la tierra quedará atado en el Cielo, lo que desates en la tierra quedará desatado en el Cielo.” (Mt 16,18)
En busca de la verdad
John Douglas, antropólogo, es director de la Unidad de Ciencias de la Arqueología, Antropología y Paleontología que él mismo fundó, revolucionando estas ramas de la ciencia. Su trabajo consiste nada menos que en leer el pensamiento de nuestros antepasados muertos hace miles de años, para lograr un mayor conocimiento de su cultura y costumbres.
Pero Douglas no puede inventar que existió una civilización, si no tiene al menos una prueba de ello. Cuando los arqueólogos encuentran una prueba y se la entregan, Douglas la ve con detenimiento, la cuida para que nadie la toque o la destruya, la analiza detalladamente y de ella saca las conclusiones que luego da a conocer al mundo entero.
Douglas es el encargado oficial de descubrir la verdad en los casos de hallazgos arqueológicos, en cualquier parte del mundo. Su labor ha ayudado a descubrir las verdaderas razones del actuar del hombre moderno, partiendo de la forma como actuaban y pensaban sus antepasados.
Pedro, custodio de la Verdad
Del mismo modo que los arqueólogos llaman a Douglas para que les ayude a descubrir la verdad acerca de los hallazgos que encuentran en sus excavaciones, Dios también quiso nombrar un experto para la custodia de la Verdad. Este experto debía ser capaz de recibir la Verdad, conservarla, descubrirla en la Revelación y transmitirla a todos los hombres.
Fue entonces cuando Dios fundó la Iglesia sobre un hombre llamado Pedro y sobre los Apóstoles, y les dio al Espíritu Santo, experto en la Verdad, para que les ayudara a descubrirla, interpretarla, transmitirla y mantenerla intacta, sin invenciones o suposiciones erróneas.
Pedro y los Apóstoles recibieron de Cristo esta tarea y la extendieron a sus sucesores, el Papa y los obispos en comunión con él, quienes también tienen el auxilio del Espíritu Santo para garantizar que no se van a equivocar en sus interpretaciones.
El Papa y los obispos tienen la autoridad y la gracia para conservar, predicar e interpretar la Palabra de Dios. A esta tarea, exclusiva del Papa y los obispos, se le llama Magisterio de la Iglesia.
La palabra Magisterio se deriva de la misión que tiene la Iglesia de ser Maestra de los hombres. La Iglesia es la encargada de proteger a todo el Pueblo de Dios de las desviaciones y de los fallos, y de garantizarle una profesión sin error de la fe auténtica. El oficio del Magisterio está encaminado a velar para que el Pueblo de Dios permanezca en la Verdad.
Para cumplir este servicio, Cristo les ha dado a los pastores el carisma de infalibilidad en cuestiones de fe y de costumbres. Esto significa que, por la ayuda especial que tienen del Espíritu Santo, el Papa y los obispos en comunión con él, no pueden equivocarse cuando dicen algo en materia de fe o de moral. Más adelante explicaremos las diversas modalidades como se ejerce esta infalibilidad.
Las evidencias para conocer la Verdad
De la misma manera que Douglas no puede inventar que existió una civilización sin tener pruebas, la Iglesia no puede inventar verdades que no hayan sido reveladas por Dios, pues el Magisterio de la Iglesia está al servicio de la Palabra de Dios y de ella saca todas sus enseñanzas.
Las pruebas de la Verdad que transmite la Iglesia están en la Revelación, conformada por las Sagradas Escrituras y la Tradición.
Al igual que Douglas con sus evidencias, la Iglesia escucha la Palabra devotamente, la custodia de manera celosa, la explica fielmente y de esta única fuente saca todo lo que propone como revelado por Dios para ser creído.

Los cristianos, sabiendo que Cristo dejó la Verdad en manos de la Iglesia, recibimos con docilidad las indicaciones que nos dan nuestros pastores en nombre del mismo Cristo.
“El que os escucha a vosotros, a Mí mismo me escucha.” (Lc 10,16)

La Iglesia formada por todos los bautizados
El trabajo de Douglas se facilita cuando los arqueólogos que encuentran los restos son expertos también, ya que ellos adelantan las conclusiones. En la Iglesia, a veces sucede lo mismo. La Iglesia no es sólo la jerarquía: el Papa, los obispos y los sacerdotes, sino que está integrada por todos los bautizados que formamos una comunidad universal de salvación unida por el mismo Jesús.
Los bautizados que conformamos la Iglesia también contamos con el Espíritu Santo como guía por lo que hay verdades que nosotros mismos descubrimos con certeza.
Cuando desde los obispos hasta el último de los laicos cristianos afirman estar completamente de acuerdo en cuestiones de fe y moral por el sentido sobrenatural de la fe que les da el Espíritu Santo, entonces podemos estar seguros que esa verdad es parte de la Verdad revelada por Dios.
Dogma
Es una verdad contundente, coherente y vinculada con las otras verdades de la revelación, confirmada por el Magisterio de la Iglesia, que obliga a ser creída y aceptada por todos los cristianos.
Se define un dogma, cuando la totalidad del Pueblo de Dios (fieles, sacerdotes y obispos) cree con firmeza en una verdad esencial de nuestra fe, siempre y cuando el Magisterio de la Iglesia la confirme, iluminado por el Espíritu Santo, como una verdad contundente, coherente y vinculada con las otras verdades de la Revelación.
Algunos dogmas en los que creemos como verdad revelada por Dios son la Inmaculada Concepción de María y la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía.
Los dogmas son luces en el camino de nuestra fe, lo iluminan y lo hacen seguro. Si tenemos una vida recta, cercana a Dios, nuestro corazón y nuestra inteligencia estarán abiertos a aceptar estos dogmas de fe y nos adheriremos a ellos con gusto.
Se pueden presentar problemas nuevos y situaciones difíciles, pero la Iglesia siempre encontrará una respuesta en su tesoro de sabiduría divina.
¿Puede equivocarse el Magisterio?
Como ya dijimos, la Iglesia, por especial asistencia de Dios, es infalible, sin posibilidad de error en su enseñanza cuando proclama solemne y universalmente la verdad en materia de fe y moral, ya que tiene asegurada la presencia y asistencia del Espíritu Santo.
Esta infalibilidad se ejerce de varias maneras:
  • El Papa goza de esta infalibilidad cuando, como Pastor y Maestro supremo de todos los fieles, proclama en forma solemne y definitiva una verdad de fe o de moral. Entonces decimos que el Papa habla ex-cáthedra.

  • El Colegio episcopal, integrado por los obispos, también goza del carisma de infalibilidad cuando ejerce su magisterio en unión con el Papa, sobre todo cuando participa en un concilio ecuménico.

  • El carisma de infalibilidad también se ejerce cuando la Iglesia propone por medio de su Magisterio supremo un dogma, algo que se debe aceptar como revelado por Dios para ser creído. Esta infalibilidad abarca todo el depósito de la Revelación.

  • Cuando los obispos enseñan en comunión con el Papa, proponiendo enseñanzas que conducen a un mejor entendimiento de la Revelación dentro del magisterio ordinario, no son infalibles pero los fieles debemos adherirnos a sus enseñanzas con obediencia y docilidad.El Espíritu Santo ayuda a encontrar la verdadEn la vida de la Iglesia, gracias a la ayuda del Espíritu Santo, también se ha ido comprendiendo cada vez mejor la verdad revelada por Dios.Sin embargo, esta mayor comprensión sirve de muy poco en la vida de la Iglesia, si los únicos que la ven con claridad son el Papa y los obispos.
    Todos los fieles cristianos debemos trabajar para comprender la Verdad y aplicarla en nuestras vidas. ¿Cómo?

  • Recopilando las pruebas que esconden la Verdad.

  • Leyendo y estudiando la Sagrada Escritura y la Tradición.

  • Tratando de descubrir lo que Dios te dice en ellas.

  • Analizando con detenimiento estas pruebas, pensando cuál puede ser su significado. Esto lo lograrás repasando en tu corazón las verdades que conoces desde siempre y que, tal vez, no has asimiliado en toda su extensión. Por ejemplo, sabes desde niño que Dios es tu Padre, pero tal vez no has pensado en lo que significa en tu vida tener un Padre Omnipresente, Omnipotente… El día que esta verdad se meta en tu corazón, entonces toda tu vida cambiará.

  • Escuchando y obedeciendo los consejos de los expertos. Es decir, escuchando la palabra del Papa y los obispos que son los expertos autorizados por Dios para interpretar la verdad contenida en la Revelación. La Tradición, la Escritura y el Magisterio de la Iglesia están unidos y ligados, de tal modo que ninguno puede subsistir sin los otros.“Si os mantenéis fieles a mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; así conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.” (Jn 8,31-32

  • Fuente: http://zonadefe.org/

  • Photo Flipbook Slideshow Maker

    TOTAL DE VISITAS

    Oración por las Vocaciones

    Oración por las Vocaciones
    Pidamos a Dios en nuestras oraciones por el aumento y la santidad de las vocaciones sacerdotales

    ENLACES:

    Con la tecnología de Blogger.